viernes, 30 de septiembre de 2011

Michoacán en Coyoacán


Está visto que la cocina mexicana aún está en espera del gran festejo por su reconocimiento ante UNESCO, del mismo modo que las cocineras tradicionales de Michoacán aún son asignatura pendiente en la agenda nacional, como en el caso de tantísimos artesanos mexicanos de la cocina y las artes aplicadas.

Pero mientras eso sucede, no nos falta ánimo, ni energía, ni mucho menos apetito, para promover y participar en un festejo de amigos en el que se ponga de manifiesto la riqueza popular de la zona lacustre y la Meseta purépecha de la Michoacán.

En esa sintonía de animado jolgorio, sin discursos oficiales, como no sean los mismos testimonios de músicos y artesanos, este fin de semana se realiza en el Altillo, en Coyoacán, el Segundo Encuentro “Michoacán en Coyoacán”, donde por dos días podrán disfrutarse las más finas expresiones de la cultura popular del estado, empezando desde luego con sus cocineras tradicionales, sus carnitas, el mezcal y el afamadísimo queso Cotija, para continuar con la impresionante artesanía regional, la música tradicional y otros caprichos gloriosos como la famosa rebocería, la cual incluso se enmarcará con la sugerente charla “100 maneras de ponerse el rebozo”.

Sin pasar por alto la participación estatal, resalta sin embargo el esfuerzo de la sociedad civil y las asociaciones de artesanos para continuar con este encuentro que pondera las más finas expresiones del Michoacán tradicional, marcado por el acento noble y elegante de la lengua purépecha, el olor de la leña y sabor inconfundible de las tortillas hechas con maíz criollo, traspasando la atmósfera y los sentidos con las consejas y los saberes de las madres y las abuelas de los pueblos de la región de Pátzcuaro y de la zona del Paricutín. Es también la fiesta de los colores, las formas, las texturas, la voluptuosidad de las artesanías en barro y cobre.

Cynthia Martínez, del restaurante San Miguelito, en Morelia, y entusiasta promotora de la cultura local, es una de las gestoras de esta fiesta que sobre todo se apoya en la buena voluntad de sus participantes y el interés por poner de manifiesto la riqueza del estado. Como ella misma lo comenta, “Michoacán en Coyoacán” es un trabajo colectivo para cautivar a los capitalinos con sabores, aromas, música, canto. La gente participa antes que nada por el ánimo de sumar y promover sus tesoros culturales, en los que queda más que claro la sensibilidad y el oficio ancestral de los michoacanos.

No se pierda un buen taco de carnitas, ni las corundas, los huchepos, las atápakuas y otros tantos platillos tradicionales, hechos a la verdadera usanza de los pueblos de la Meseta, realizados por las cocineras que han sido artífices del reconocimiento de la UNESCO. Para los jóvenes estudiantes de gastronomía de la Ciudad de México es una excelente oportunidad de conocer las raíces de nuestra cocina y entender un poco de la magia, el carácter y los valores que sustentan que la de México sea una verdadera gastronomía, y por si fuera poco con valor patrimonial.

Ha llamado mucho la atención el tema de la cata de mezcales michoacanos. Como es sabido, Michoacán no pertenece a la zona circunscrita a la Denominación de Origen del mezcal, sin embargo eso no ha limitado que los productores que han hecho mezcal por generaciones, aunque técnicamente no se llame mezcal, insisto, hayan hecho un esfuerzo muy loable por establecer criterios de calidad, consistencia, salubridad e identidad artesanal para la producción de un destilado de agave conocido bajo la marca “Sikuani”.

Cynthia, quien además ha sido también promotora en su restaurante de este producto, a través de catas, presentaciones y venta del producto para dar mayor impulso a los productores, confirma la presencia de las mejores “vinatas” michoacanas, como es el caso de Don Mateo de la Sierra, de la familia Vieyra. Les aseguro que son destilados de estupenda factura, hechos a la usanza tradicional con agaves silvestres. Los reposados, por supuesto, son guardados en botella de vidrio, bajo tierra, durante varios meses. Sin ningún paso por barrica, desde luego, como nos han hecho pensar sobre el perfil de un reposado.

Es una cata que no se pueden perder. Sobre todo considerando el delicioso encuentro de estos mezcales con las variedades de queso Cotija, otro de los productos Premium de Michoacán.

Esta cata no tiene ningún costo, como prácticamente todas las actividades comprendidas en el programa, aunque hay que llegar con tiempo, porque el cupo es limitado. El Altillo se encuentra en el cruce de Av. Universidad y Miguel Ángel de Quevedo. Lo más recomendable es llegar en metro, a la estación Miguel Ángel de Quevedo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada